Escritos de ‘poemas sueltos’

Tengo miedo a perder la maravilla

Federico García Lorca
Genios de la lengua
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que mas siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tu eres el tesoro oculto mío
si eres mi cruz y mi dolor mojado
si soy el perro de tu señorío,

No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Ascensión

Lilian Serpas (El Salvador, 1905-?)
El Salvador
Quiero ascender hasta la flor inmóvil
en la diafanidad que la depura,
y al aire verde de su talo móvil,
consubstanciarme a su primer frescura.

Sufre la forma terrenal mi mano
que no advierte primicias del rocío,
naciendo con el fruto del verano
y la llama en cenizas del estío…

¡En la pura existencia, vivo anhelo
trasciende de una edad desconocida
hasta mis ojos, que empañó el desvelo
de tanto ver asombros de la vida…!

A orillas del tiempo, la fulgente
célula que en mi ser busca conciencia,
asume en sus orígenes la ingente
claridad, mas en muerte halla presencia.

El filtro derramado en mi garganta
paladea la lágrima del viento,
y en ola sin volumen se decanta,
mi levedad de sangre en movimiento.

El árbol y la nube me atraviesan
con hoja aguda en otoñal contacto,
y en sus cruzadas músicas empiezan
a brotarme raíces de lo abstracto.

En la amarilla siembra del otoño
el angular tormento de mi arcilla,
brota con la palabra del retoño,
y la canción azul del mediodía…

La flor del aire en levedad suspensa
traza la cifra de inicial elipse,
y de mis ojos trágicos condensa
su transitoria oscuridad de eclipse.

En sueño sin contorno, mi existencia,
hace viaje de vuelta hasta el torrente
sanguíneo, donde yace la inocencia,
y la primer mañana está latente…

De pie sobre la tierra me equilibro,
como en torres de claro pensamiento
y en mis raíces más profundas vibro
con lo absoluto de cifrado acento.

Queda la onda eterna entre mi oído,
y en música estelar acompasada,
asciende desde el eco hasta el sonido,
en un proyecto de creadora nada…

Si la música etérea compagina
con la del corazón su vivo encanto,
el tiempo ya no es tiempo, pues se empina
sobre la piel de hielo de mi canto.

Torna mi voz profunda del minúsculo
universo interior hasta la nube,
y hay en la arteria rota del crepúsculo,
la misma sangre que en mi ser contuve.

El huésped de la noche

Juan Felipe Toruño (El Salvador, 1898-1980)
El Salvador
¡El eco sigue… !
La noche está poblada de ecos.
El eco. Mi eco. Tu eco.
Nuestros ecos.
Somos el eco de una palabra dicha
en un día sin tiempos anteriores.

El huésped en la noche está encerrado
midiendo rumbos y quebrándolos
en espera del alba que se anuncia con sombras.
Púdrense antiguos árboles en su sangre.
Vientos insosegados aúllan en sus sienes.
Un sol orbita fuegos en su pecho
y le agarran el alma desconocidos himnos.
Anda, anda, anda,
pero no pasa de la noche.
Reproduciendo ecos en su hospedaje de años.

¿Cuándo llegará el día que él aguarda
para dar otro canto distinto al de esta noche?
(No hallaremos la senda que oportune el encuentro
de habitantes diferentes?)
La rosa tiene en torno su camisa de aire y siente
el fragor de la tierra por sus antenas invertidas
La lluvia roba cielos y los rompe
contra piedras y pájaros.

En los caprichos estelares
se cruzan las señales de milenarias voces.
El habitante sabe
que aunque esté en cualquier punto
no traspasa la noche de su carne,
el túnel de la noche,
la noche de los ecos,
el tembloroso abismo de las sombras.

Hoy pasa por el puente de sus venas
la sed de un más allá representido,
y se embarca en sus deseos
la posesión de innominadas sendas
para seguir sangrando sobre el mismo camino
sin salvar las orillas de la noche perenne:
rondando con su angustia la esperanza,
congestionado de tinieblas,
oyendo, sobremirando, muriendo,
mordido por los ecos, destrozado en el cieno
y andando los rumbos con sus cansados pasos.

¡Y el eco sigue!
El eco.
Mi eco.
Tu eco.
¡Nuestros ecos!
¡Somos el eco de una palabra dicha
en un día sin tiempos anteriores,
para ser en el vientre de la vida
el errante y perpetuo huésped de la noche!

Respondo

Pedro Geoffroy Rivas (1908-1979)
El Salvador
Que no se culpe a nadie de mi vida.

Amanecí.
Vine pisando circulos a desandar relojes.

Subí;
Poblé la soledad. Me coroné de agravios.
Soy el gran responsable.
El único de quien puede sospecharse.

Confieso.
he bebido gota a gota el silencio
hasta dejar vacías todas las etiquetas.

Que nadie se atreva entonces a levantar el índice.
Que no digan que vieron una sombra.
Que pudo haber mano criminal.
Que oyeron unos pasos.

Yo soy el que muere pisoteando retoños.
El que rompió el milagro.
El intruso de todas las palabras.

Soy el violador de la rosa.
El que reparte sueños en la esquina del miedo.
El que siembra pasión en los crepúsculos.
El que pregunta al diablo por el otro cielo.

Que no interroguen pues a los vecinos.
A la puta de enfrente.
Al mariguano que me ha oído discutir con los ángeles
Al ciego que abre la puerta a las estrellas.
Al niño que recorre la comarca del hambre.

Vengo con mi sentencia a cuestas
y me paro frente a los dueños del mundo
para aceptar mi culpa.
Mi grandísima culpa.

Pero no me arrepiento.
No hay contrición señores.
Me atengo a las más graves consecuencias
y proclamo a gritos este monstruoso crimen:
Vivo.

Que no se culpe a nadie de mi vida.

Este ignorar…

Mercedes Durand Flores (1933-)
Poesía salvadoreña
Este ignorar el rostro del futuro,
este no ser el ser que se quisiera
este ambular sin ruta duradera
es un estar sin un estar seguro.

Este vivir golpeándose en el muro
del miedo, de la noche y de la espera,
es un negar la vida verdadera
es un temor secreto, necio, impuro.

Este sentir angustia desmedida
ante el paso inicial de la mañana
portadora del alma presentida.

Es un querer fugarse de sí mismo,
es un cubrir la luz de una ventana,
es un permanecer en el abismo…

Por qué te olvidas

José Hierro (1922-2002)
Genios de la Lengua
Por qué te olvidas y por qué te alejas
del instante que hiere con su lanza.
Por qué te ciñes de desesperanza
si eres muy joven, y las cosas viejas.

Las orillas que cruzas las reflejas;
pero tu soledad de río avanza.
Bendita forma que en tus aguas danza
y que en olvido para siempre dejas.

Por qué vas ciego, rompes, quemas, pisas,
ignoras ceilos, manos, piedras, risas.
Por qué imaginas que tu luz se apaga.

Por qué no apresas el dolor errante.
Por qué no perpetúas el instante
antes de que en tus manos se deshaga.

Verdad, mentira

Carlos Bousoño (1923-)
Poesia
Con tu verdad, con tu mentira a solas,
con tu increible realidad vivida,
tu inventada razón, tu consumida
fe inagotable, en luz que tú enarbolas;

con la tristeza en que tal vez te enrolas
hacia una rada nunca apetecida,
con la enorme esperanza destruída,
reconstruída como el mar sus olas;

con tu sueño de amor que nunca se hace
tan verdadero como el mar suspira,
con tu cargado corazón que nace,

muere y renace, asciende y muere, mira
la realidad, inmensa, porque ahí yace
la verdad toda y toda tu mentira.

Yo no lo sé de cierto

No hay nada mejor que escuchar los poemas declamados en voz de sus propios autores, un placer que resulta muy escaso dado que no existe una videoteca muy extensa de recitales hechos por los grandes poetas. En este video en particular tenemos el gusto de escuchar a Jaime Sabines recitar “Yo no lo sé de cierto” permitiéndonos sentir en cada verso la esencia pura de la intención del poema.
(más…)

Se miran, se entregan…

Oliverio Girondo
Los heraldos negros
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan, (más…)

Los Heraldos negros

Cesar vallejo
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé! (más…)