En esta ocasión les traigo a lectura a: André Bretón, Vicente Huidobro, Juan Germán, César Dávila y Jorge Carrera, estoy seguro que ninguno de sus poemas te decepcionara mostrando como caracterÃstica común el desarrollo de un estilo irónico y surrealista, una combinación que trae como resultado poemas de otro mundo.
Unión libre
Mi mujer de cabellera de llamas de leña
De pensamientos de relámpagos de calor
De talle de reloj de arena
Mi mujer de talle de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud
De dientes de huellas de rata blanca sobre la tierra blanca
De lengua de ámbar y de cristal frotados
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada
De lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
De lengua de piedra increÃble
Mi mujer de pestañas de palotes de escritura de niño
De cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer de sienes de pizarra de tejado de invernadero y de vaho de cristales
Mi mujer de hombros de champán
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer de muñecas de cerillas
Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones
De dedos de heno cortado
Mi mujer de axilas de marta y de encinas
De noche de San Juan
De alheña y de nido de escalarias
De brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla del trigo y del molino
Mi mujer de piernas de bobina
De movimientos de relojerÃa y de desesperaci6n
Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer de pies de iniciales
De pies de manojos de llaves de pies de calafates que beben
Mi mujer de cuello de cebada imperlada
Mi mujer de garganta de Valle de oro
De cita en el lecho mismo del torrente
De senos de noche
Mi mujer de senos de pinera marina
Mi mujer de senos de crisol de rubÃes
De senos de espectro de la rosa bajo el rocÃo
Mi mujer de vientre de apertura de abanico de los dÃas
De vientre de zarpa gigante
Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical
De espalda de mercurio
De espalda de luz
De nuca de piedra rodada y de creta mojada
Y de caÃda de un vaso en el que se acaba de beber
Mi mujer de caderas de lancha
De caderas de lucerna y de plumas de flecha
Y de tallos de pluma de pavorreal blanco
De balanza insensible
Mi mujer de muslos de greda y de amianto
Mi mujer de muslos de lomo de cisne
Mi mujer de muslos de primavera
De sexo de gladiolo
Mi mujer de sexo de placer y de ornitorrinco
Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer de sexo de espejo
Mi mujer de ojos llenos de lágrimas
De ojos de panoplia violeta y de aguja inmantada
Mi mujer de ojos de llanura
Mi mujer de ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer de ojos de leña siempre bajo el hacha
De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego
La economÃa es una ciencia
En el decenio que siguió a la crisis
se notó la declinación del coeficiente de ternura
en todos los paÃses considerados
o sea
tu paÃs
mà paÃs
los paÃses que crecÃan entre tu alma y mi alma
de repente duraban un instante y antes de irse
o desaparecer dejaban caer sábanas
llenas de nuestros sexos
que salÃan volando alrededor como perdices.
¿Quiere decir que cada vez que hicimos el amor
dejábamos nuestros sexos allÃ,
y ellos seguÃan vivitos y coleando como perdices suavÃsimas?
Qué raro, mirá que lavábamos las sábanas
con subordinación y valor
para que los jugos de la noche pasada
no inauguraran el pasado
y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros
para ordenarnos el hoy
porque el alma amorosa es desordenada y perfecta
tiene mucha limpieza y lindura
se necesita todo un Dios para encerrarla
como le pasó a Don Francisco
que asà pudo cruzar el agua frÃa de la muerte.
Es bien raro eso de nuestros sexos volando
pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu sexo
y me bañaban tus espumas purÃsimas con impaciencia
y dulzura y valor
me parecÃa oÃr un pajarerÃo en el bosque de vos
como amor encendiendo otro amor,
o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban
y se ponÃan a dar vueltas entre ellos
como maripositas encandiladas por el fuego
y se querÃan morir de nuevo
buscando incesantemente la libertad
y habÃa un paÃs entre la vida y la muerte
donde todo era consolación y hermosura
y no poseÃamos nuestro corazón
y nuestros sexos se perdÃan como almas en la noche
y nunca más los volvÃamos a ver para entender
estudio los Ãndices de la tasa de inversión bruta
los Ãndices de la productividad marginal de las inversiones
los Ãndices de crecimiento del producto amoroso
otros Ãndices que es aburrido hablar aquÃ
y no entiendo nada.
La economÃa es bien curiosa
al pequeño ahorrista del alma lo engañan en wall street
los sueldos de la ternura son bajos
subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor,
el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes,
eso no le da dicha ni desdicha
en medio de las razones
las redenciones
las resurrecciones.
Se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes
estoy viendo volar los pajaritos que te salÃan del sexo
mejor dicho
de más allá todavÃa
de todo lo que valÃas
o brillabas
o eras
y dabas como jugos de la noche.
Vida
Un hombre se levanta y mira el universo
Con sus pastores cálidos de primera mañana
Un hombre se incorpora y mira sus misterios
Multiplicados en sorpresas de aire y piedra
En peso sobre el pecho de niño atardecido
Que llora un mundo que lo ahoga
Y siempre comienza fuera de sus manos
Un hombre se incorpora y mira las estrellas
Delante de las fuentes de sà mismas
Ocultando su ser y diciendo que son…
Los astros inspirados en su calma de suelo
Con los labios callados
Y sus alientos que envuelven climas preferidos
Un hombre se levanta y se mira desnudo
Y tan lleno de herencias tan vestido
De cosas que no sabe de dónde le vienen
Tan solitario y en eterno diálogo
Para que el universo no se le muera en las entrañas
Un hombre se levanta y se acerca a sus pasos
Se acerca temblando a su destino hospitalario
A su manera de ser vida
Con las alas abiertas y las heridas de la tierra en su garganta
Un hombre se acerca a su andar de signo triste
A su manera de ser muerte
Con las células dadas a otras formas
Un hombre se levanta y se acerca al corazón
Para ahondar la vida que lo ahoga
Espera el brote de un árbol en su espalda
Y llora porque la noche hace llorar al mar
Un hombre se levanta y se llena de recuerdos
Desarticula los sepulcros
Contempla los destinos y los augurios de la fuerza
Y contempla las flores que se salen de madre
Y se contempla
Trasladado de piedra a ruido de eternidad
Y escucha y se escucha
Siente andar en sus pies las selvas que se abrigan en el verano
Y se entrega al olvido
Un hombre se levanta y marcha hacia sus lÃmites
Los precios
Tú sabes lo que cuesta la pólvora
en el buitre del antÃlope, la tuma del oso
en el cajón del sastre. Tú sabes
lo que cuesta la goma
en la pata del pájaro, la cuerda en la casa
del relojero ciego. La cáscara de plátano
en el tobillo del Discóbolo. Tú sabes lo que muele
un solo cráneo entre dos horas consecutivas. Tú
sabes cuánto rueda el pan fuera de Misa. Tus niños
duermen en el hueco de la alfombra.
Tú sabes cuánto vale un huevo en equilibrio
sobre la palma de la arquitectura.
Las nubes de fuego sobre el circo;
el Santo EspÃritu, de pie, sobre
el ave que empolla.
Tú sabes lo que cuesta curarse la mano derecha
con la izquierda
endurecida por los desmanes de la vida nómade.
Tú sabes lo que es vivir un pasadizo,
acaso garganta,
y no decir nada, ni esta boca es mÃa:
el idioma es pura madera en quechua,
y calla.
Entonces, sólo ir. Sólo andar.
Tú sabes lo que es andar todo el destino a pie.
Se grabará para siempre la cara del caballo.
He aquÃ, pues, que nos miramos ya
con el profundo respeto de la Gran Sospecha.
Tú, envejeciste, Creador,
y mi padre atentó malamente contra la diosa familiar
entre los surcos de coles moradas.
La escopeta fue apoyo de su pan,
pero colgó una lámpara del cuello de las Tórtolas.
El sabor de los vientos
ensancha hoy el paÃs observado en la paciencia.
Te restituyo.
Las Tres Personas Distintas
de rostros embebidos en la claridad del soma,
llueven profundamente sobre nuestra comarca.
Canta la mosca del granizo
y llora, poco a poco,
su cuerpo incontenible.
Inventario de mis únicos bienes
La nube donde palpita el vegetal futuro,
los pliegos en blanco que esparce el palomar,
el sol que cubre mi piel con sus hormigas de oro,
la oleografÃa de una calabaza pintada por los negros.
las fieras de los bosques del viento inexplorados,
las ostras con su lengua pegada al paladar,
el avión que deja caer sus hongos en el cielo,
los insectos como pequeñas guitarras volantes,
la mujer vista de pronto como un paisaje iluminado por un relámpago,
la vida privada de la langosta verde,
la rana, el tambor y el cántaro del estómago,
el pueblecito maniatado con los cordeles flojos de la lluvia,
la patrulla perdida de los pájaros
-esos grumetes blancos que reman en el cielo-,
la polilla costurera que se fabrica un traje,
la ventana -mi propiedad mayor-,
los arbustos que se esponjan como gallinas,
el gozo prismático del aire,
el frÃo que entra a las habitaciones con su gabán mojado,
la ola de mar que se hincha y enrosca como el capricho de un vidriero,
y ese maÃz innumerable de los astros
que los gallos del alba picotean
hasta el último grano.
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