AmanecÃ.
Vine pisando circulos a desandar relojes.
SubÃ;
Poblé la soledad. Me coroné de agravios.
Soy el gran responsable.
El único de quien puede sospecharse.
Confieso.
he bebido gota a gota el silencio
hasta dejar vacÃas todas las etiquetas.
Que nadie se atreva entonces a levantar el Ãndice.
Que no digan que vieron una sombra.
Que pudo haber mano criminal.
Que oyeron unos pasos.
Yo soy el que muere pisoteando retoños.
El que rompió el milagro.
El intruso de todas las palabras.
Soy el violador de la rosa.
El que reparte sueños en la esquina del miedo.
El que siembra pasión en los crepúsculos.
El que pregunta al diablo por el otro cielo.
Que no interroguen pues a los vecinos.
A la puta de enfrente.
Al mariguano que me ha oÃdo discutir con los ángeles
Al ciego que abre la puerta a las estrellas.
Al niño que recorre la comarca del hambre.
Vengo con mi sentencia a cuestas
y me paro frente a los dueños del mundo
para aceptar mi culpa.
Mi grandÃsima culpa.
Pero no me arrepiento.
No hay contrición señores.
Me atengo a las más graves consecuencias
y proclamo a gritos este monstruoso crimen:
Vivo.
Que no se culpe a nadie de mi vida.
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