El huésped de la noche

Juan Felipe Toruño (El Salvador, 1898-1980)
El Salvador
¡El eco sigue… !
La noche está poblada de ecos.
El eco. Mi eco. Tu eco.
Nuestros ecos.
Somos el eco de una palabra dicha
en un día sin tiempos anteriores.

El huésped en la noche está encerrado
midiendo rumbos y quebrándolos
en espera del alba que se anuncia con sombras.
Púdrense antiguos árboles en su sangre.
Vientos insosegados aúllan en sus sienes.
Un sol orbita fuegos en su pecho
y le agarran el alma desconocidos himnos.
Anda, anda, anda,
pero no pasa de la noche.
Reproduciendo ecos en su hospedaje de años.

¿Cuándo llegará el día que él aguarda
para dar otro canto distinto al de esta noche?
(No hallaremos la senda que oportune el encuentro
de habitantes diferentes?)
La rosa tiene en torno su camisa de aire y siente
el fragor de la tierra por sus antenas invertidas
La lluvia roba cielos y los rompe
contra piedras y pájaros.

En los caprichos estelares
se cruzan las señales de milenarias voces.
El habitante sabe
que aunque esté en cualquier punto
no traspasa la noche de su carne,
el túnel de la noche,
la noche de los ecos,
el tembloroso abismo de las sombras.

Hoy pasa por el puente de sus venas
la sed de un más allá representido,
y se embarca en sus deseos
la posesión de innominadas sendas
para seguir sangrando sobre el mismo camino
sin salvar las orillas de la noche perenne:
rondando con su angustia la esperanza,
congestionado de tinieblas,
oyendo, sobremirando, muriendo,
mordido por los ecos, destrozado en el cieno
y andando los rumbos con sus cansados pasos.

¡Y el eco sigue!
El eco.
Mi eco.
Tu eco.
¡Nuestros ecos!
¡Somos el eco de una palabra dicha
en un día sin tiempos anteriores,
para ser en el vientre de la vida
el errante y perpetuo huésped de la noche!

Tags: